domingo, 7 de marzo de 2010

Las escuelas en el 2020

Todos hemos oído alguna vez hablar a nuestros padres de cuando ellos iban al colegio: “En mis tiempos, nos aprendíamos las cosas de memoria y cantando” “En aquella época, no había ordenadores” “Cuando me castigaban, el profesor me daba con la regla en la mano” y a veces pienso que eso es lo único que ha cambiado en la educación: los deberes del profesor y los derechos de los alumnos.

Cuando empecé a estudiar Magisterio, realmente creía que las escuelas iban a cambiar mucho más de lo que lo han hecho. Han pasado más de 12 años desde que salí de la universidad y en relación a cómo han cambiado el resto de los sectores, el aula dónde enseño no ha cambiado mucho del aula en el qué yo aprendí. ¿Cómo me gustaría que hubieran sido los colegios después de 12 años, o cómo me gustaría qué fueran dentro de otros 12?

Para empezar, me parece que el cambio más significativo sería tecnológicamente hablando. Es cierto que en algunos colegios esto ya se nota, sobre todo la creación de un “aula TIC” y la conexión a Internet en dicho aula. El siguiente paso, sería la incorporación del ordenador del profesor en el aula, y la conexión a una red intranet para que todos los profesores puedan estar comunicados entre sí en cualquier momento del día y recibir información y recordatorios.

Si tuviese que seguir pidiendo antes de salir del aula, me gustaría que se incorporara un ordenador, o portátil (de esos que harían daño a la vista no, de los otros) para cada alumno, de tal forma, que ya no tendrían que llevar sus mochilas repletas de libros y cuadernos, si no, un bolsillo para meter su pincho de memoria donde estarían cargados sus libros de texto electrónicos y sus hojas para escribir tanto manual como electrónicamente. Me gustaría oír a los alumnos decir: “¿Pizarra con tizas? Jaja, ¡qué anticuado!” ya que ellos estarían acostumbrados a las pizarras digitales.

El aula también debería tener un televisor, DVD y una red de teléfonos internos, con un teléfono para el profesor de tal forma que se le pueda avisar inmediatamente de cualquier asunto: recogida de un alumno, llegada de material, etc. sin tener que esperar dos días para ver a ese profesor o sin tener al personal del centro caminando de un aula a otro o de un edificio a otro para dar avisos.

En cuanto a los edificios, las escuelas deberían tener un comedor apropiado para el número de alumnos, una sala de profesores donde puedan sentarse, relajarse y hablar de sus cosas, y donde se puedan hacer reuniones con espacio suficiente. Un gimnasio, o dos (según el número de alumnos) para que los niños puedan realizar las clases de Educación Física y otros deportes después de la clases. Una piscina para incorporar clases de natación desde que son pequeños. Unos patios grandes, cuidados y equipados para que los niños puedan disfrutar en sus ratos de ocio.

Una biblioteca con un buen sistema de préstamo y que incite a los niños a la lectura por el simple hecho de ser un sitio agradable en el que estar leyendo. Una sala enfermería/botiquín con una persona especializada para atender las incidencias diarias de los alumnos y encargarse de suministrar los medicamentos de todos aquellos que lo necesiten (alérgicos, diabéticos, enfermos esporádicos, etc.). Unas oficinas de dirección adecuadas para tener reuniones y atender a los padres.

En fin, estoy segura de que se me olvida algo, pero son tantas cosas las que están en mi lista que ni siquiera puedo priorizar. Si además, fuera un especialista, me gustaría que hubiera un aula de música, o un aula de religión, o un aula de inglés, o un aula de compensatoria, o un aula para la especialista de PT y AL o, finalmente, un aula para el orientador, y para mí sola, sin tener que compartir ni tener que llevar “mi aula” en el coche.

Ahora sí, creo que he completado la lista. Puf, ¡vaya tela! Mira, mejor dejamos las cosas como están otros 10 años.